Podando fractales 20 abril 2010
Posted by Jose Rubio in Reflexiones.Tags: apocalípticos e integrados, contenido, historias, nueva publicidad, participación
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La nueva publicidad ha traído con ella nuevas formas narrativas, ¿correcto? Nuevos modos de plantear historias, nuevos modos de construir mundos y nuevos modos de permitir el acceso a ellos. Por primera vez permitimos que el espectador se convierta en actor.
Actor. Atención a la palabra; describe perfectamente el tema de este post. Puede que las formas hayan cambiado, puede que los medios empleados para contar sean menos herméticos, pero los hombres detrás de los teclados somos los mismos. Y seguimos siendo celosos guardianes de nuestras historias. En nuestras cabezas está la trama completa, sabemos cómo sucederá todo, cuándo llegará el giro, en qué momento y bajo qué circunstancias se alcanzará el clímax. En nuestras cabezas. No en las de los demás. Ellos son, a lo sumo, actores.
Hace exactamente un año, tuve la suerte de participar en un proyecto pequeño pero tremendamente mágico. Vino a nosotros una idea (porque podemos buscarlas, pero, finalmente, son las ideas las que nos encuentran a nosotros); una idea sencilla pero capaz de tocar a nuestro público de un modo cercano y cautivador.
Y nos sentamos y guionizamos el proyecto hasta dejarlo a nuestro gusto, con todos los cabos bien atados.
Uno de los momentos cumbre de la acción nos llevó a conocer en persona a la gente que buscábamos alcanzar. Y vaya gente encontramos. Una mujer nos regaló un CD de su grupo. Otra nos explicó que estaba recopilando cuentos y leyendas de los Pirineos y traduciéndolos al bable; incluso nos leyó fragmentos. Por no hablar del semiólogo italiano que había venido con su mujer a estudiar la simbología de la Sagrada Familia.
Y, así, las historias de las personas a las que estábamos explicando nuestra historia se iban desplegando frente a nosotros. Nuestra historia, pequeña y manejable, se ramificaba, se desdoblaba y multiplicaba, se retorcía y viajaba a terrenos que no habíamos imaginado.
Sin embargo, nada de eso se reflejó en el proyecto. Teníamos una historia que explicar y todo lo demás era irrelevante.
Es una característica, creo, de los publicitarios, no de la publicidad. Cegados por nuestro poder demiúrgico, cuidamos el tronco, lo regamos y sulfatamos, comprobamos que nada pueda afectarle; pero dejamos que las ramas que brotan de él se marchiten y se pudran sin llegar a ser, ni siquiera, notas al pie en nuestros relatos.
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